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Arnoldas Zrielskis, ejemplo de superación

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Desde bien temprano las nubes cubren el cielo del centro de Málaga, pero el derroche de energía de nuestro protagonista bloquea cualquier intento de que el día se estropee. Almeriense pero de origen lituano, el baloncesto es una pasión que no es que forme parte de su vida, sino que es su propia vida. Durante años militó en las categorías inferiores en Campohermoso, municipio de Níjar, y en Cadete y Junior de la Asociación Deportiva Amigos del Baloncesto Almería -ADABA- de la capital andaluza y, estando en segundo de bachillerato, se decidió por dar un salto al vacío sin saber si tendría una red esperándole o, de lo contrario, tendría que dar marcha atrás después del golpe.

“Quería crecer como jugador y como persona y en el verano de 2014 busqué pruebas en equipos de fuera de Almería. Entre las que encontré descubrí las de la Fundación Javier Imbroda. Me gustó mucho lo que vi, indagué sobre el entrenador y me parecieron geniales”, nos cuenta Arnoldas Zrielskis, quien dejaría la comodidad del hogar para llegar a Málaga con apenas una maleta, unos estudios pendientes de culminar y el sueño de convertirse en jugador profesional. Una vez en la capital de la Costa del Sol, su destino e ideas cambiarían por completo.

Entre sus objetivos se encontraba disfrutar de su deporte favorito, aprobar segundo de Bachillerato y buscar nuevas oportunidades. Algo habitual entre los jóvenes de 17 años. Una vida donde cumplir sus sueños. Sin embargo, cruzarse en el camino de Javier Imbroda, que entrenaría al entonces Medacbasket en su primer año de andadura le sirvió para ver la realidad del baloncesto: “Quería ser profesional, jugar al baloncesto y vivir de ello. Algo que luego te das cuenta que no es factible por otros factores”, explica Arnold. “Llegué con una idea equívoca de este deporte, como lo puede ver un niño: pensando que iba a jugar en la NBA y a ganar muchos millones. Me encontré con Javier Imbroda, para mí el mejor entrenador que he tenido en mi vida. Él me contó la realidad del baloncesto y sus consecuencias de seguir luchando por alcanzar el mundo del basket profesional. Me puso los pies en la tierra, me explicó cómo, qué hay que hacer y me orientó tanto en la pista como en el día a día, aportándome educación, para ser una persona buena tanto dentro como fuera de ella”.

Desde su llegada hasta el día de hoy, su madurez no son sólo palabras, sino también hechos. Estando en Málaga se sintió atraído por el trabajo de celador en un hospital, por lo que decidió estudiar para las oposiciones a este puesto a la par que culminar sus estudios de Bachillerato. La labor de la Fundación Javier Imbroda estuvo detrás de su sueño. Con los verbos acoger y competir como principios se desarrolló su formación, o lo que el propio Arnold define como paso de la infancia a la madurez. Hoy trabaja como celador de un centro hospitalario de Málaga mientras mantiene sus vínculos con el Forus Medac Basket y la propia Fundación. Hoy sigue superando metas mientras sigue preparando sus estudios en otros campos.

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De su paso por la Escuela de Valores y el equipo de baloncesto destaca, además de personas, determinados valores: “compañerismo, responsabilidad, trabajo, mucho trabajo (risas)… pero sobre todo me quedaría con todo lo bueno que el baloncesto saca de la persona en sí, lo que aporta fuera del campo”. Arnold cree que ambas ramas de la Fundación enseñan y dan de manera altruista hasta el punto de recomendar a quien se encuentre perdido a que acuda a recibir esa atención y cariño. “Mi hermana, que está en Almería, tiene ocho años y yo la apuntaría en la Fundación”, matiza.

Y razón no le falta cuando, en la conversación mantenida en la intimidad que puede dar una cafetería, entre conversaciones de compañeros de trabajo y familiares, cuando se ve a sí mismo como un ejemplo de superación. A pesar de ver sus primigenios esquemas de vida hechos pedazos, su realidad está construida sobre una base sólida que le hará seguir sumando metas. “Hay muchos jugadores, personas al fin y al cabo, con mucho talento pero sin las herramientas necesarias para poder seguir alcanzando sus sueños. Creo en la Fundación y apoyo a los demás deportistas que no tengan esos medios que lo intenten, que los van a instruir y les van a aportar todo lo que necesiten”.

En su talento, su ejemplo y su visión de la vida se encuentra la labor desinteresada de compañeros, entrenadores, familia y personas que le han acompañado en el camino. Buscando su mejora. Buscando su felicidad. En un proceso de superación constante en el que él es el auténtico protagonista.

Arranca el curso escolar en la Escuela de Valores de la Fundación Javier Imbroda

El barrio de La Trinidad encuentra remansos de paz entre el ruido del día a día. Sus calles más recoletas se unen entre la avenida de Fátima y Don Juan de Austria para iniciar una nueva etapa. Entre esas aceras por las que el tiempo pasa a otro ritmo, las instalaciones del pabellón de Malasaña esperan a los primeros participantes de la Escuela de Valores que la Fundación Javier Imbroda pone en marcha otro curso más.

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Allí llegan los primeros reencuentros. Los abrazos. Las sonrisas. La emoción de sentirse como en casa sabiendo que, durante todo el curso, dos tardes de la semana se dedicarán a compartir esfuerzos para superar los objetivos académicos. Pero también a jugar, hacer deporte y convivir de la manera más sana posible.

La primera jornada discurrió con tranquilidad. La primera actividad se destinó a trabajar los deberes que quedaban pendientes del colegio con el fin de poder respirar tranquilos durante la merienda. Objetivo superado y con nota. El profesorado repartió la merecida recompensa que La Canasta trae hasta las instalaciones. Es tiempo de distensión y de charla familiar. Minutos antes, redactores del diario Málaga Hoy asistieron a conocer la realidad de esta Escuela con el fin de dar a conocer el trabajo que en ella se realiza.

Y de una recompensa a otra. Para poder empezar a practicar deporte en el CEIP Bergamín, Ikono Soluciones ha realizado una donación de pantalones deportivos para todos, que lucen orgullosos ante una cámara a la que no tienen miedo ninguno. Antes de pasar a realizar los juegos en las pistas del centro educativo toca reflexionar un poco: ¿Cómo participamos en clase? Es bueno ofrecerse voluntario a colaborar con las tareas de todos, hay que ayudar a los compañeros y mantener un ambiente sano de respeto. Lección aprendida. “Nos vamos a la calle, que toca divertirse”.

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Pero no todo quedaba ahí. El martes era el turno del grupo de Secundaria, que venía con ilusiones renovadas un curso más. Aprender gracias al apoyo de los profesores hacía que cualquier tarea fuese fácil de superar, pues de eso trata la labor cooperativa entre todos los que conforman la Escuela de Valores. Tras la preceptiva merienda y el regalo de la ropa deportiva, el debate entre ellos llegaba de la mano de las necesidades educativas especiales. La madurez se transmitía en sus ojos y también en sus palabras, cuando temas como la inmigración y las adaptaciones por motivos físicos, sociológicos y psicológicos fueron tratados con naturalidad y una apuesta por hacer más fácil el camino.

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En las pistas del Colegio llegó el turno de practicar el deporte favorito de esta Fundación: el baloncesto. El trabajo cooperativo y la competición sirvieron como recompensa a una jornada donde el disfrute fue la clave.

El primer día llegó a su fin con la vuelta a las instalaciones de Malasaña tras un largo rato de disfrute en las pistas deportivas del colegio Bergamín. Este proyecto acaba de empezar y te está esperando. #Súmate

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